La situación económica de Venezuela se ha deteriorado considerablemente, con una deuda total que asciende entre u$s150.000 millones y u$s170.000 millones, según diferentes métodos de cálculo. Esta cifra incluye bonos en default, obligaciones de PDVSA, préstamos bilaterales y laudos arbitrales. La crisis de deuda se agudizó tras el incumplimiento de pagos iniciado a fines de 2017, lo que ha llevado a un incremento significativo de los intereses acumulados.
Analistas de Reuters estiman que aproximadamente u$s60.000 millones de la deuda corresponde a bonos que están en situación de incumplimiento. Esto ha generado una relación deuda sobre el producto bruto interno (PBI) que podría superar el 200% para 2025, cuando se espera que el PBI nominal de Venezuela alcance u$s82.800 millones según el FMI.
En este contexto, el presidente Donald Trump ha incrementado las expectativas de los mercados, lo que ha llevado a una recuperación parcial de la deuda venezolana. Sin embargo, la incertidumbre persiste sobre la reestructuración de la deuda y quiénes serán los acreedores que busquen recuperar sus inversiones, especialmente en activos como la refinería estadounidense Citgo, que es de vital importancia en los procesos judiciales actuales.