Desde su creación en 1945, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido objeto de controversias en Argentina, especialmente en el contexto actual bajo el gobierno de Javier Milei. Este acuerdo surge en un momento en que los salarios han sufrido una significativa caída, lo que ha llevado a un encorsetamiento de los mismos, reflejando una situación que recuerda periodos históricos de crisis económica.
Históricamente, la relación de Argentina con el FMI ha estado marcada por condiciones que limitan los aumentos salariales y fomentan la libertad de precios, prácticas que se implementaron desde los acuerdos iniciales del organismo. Entre 1974 y 1977, el salario real se desplomó en un 41%, un hecho que afectó drásticamente el poder de compra de los ciudadanos, sin que este se recuperara en los años siguientes, incluso durante períodos de crecimiento.
La influencia de Estados Unidos, principal accionista del FMI, es evidente, y su intervención se vuelve más palpable con la presencia de figuras como Donald Trump. La historia de estos vínculos ha sido analizada por economistas como Noemí Brenta, quien resalta el impacto negativo de estas políticas en el poder adquisitivo de los argentinos, especialmente durante los años de dictadura y crisis.