La decisión de Néstor Kirchner de cancelar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en diciembre de 2005 marcó un hito en la política económica argentina. Este pago total, realizado con reservas de libre disponibilidad del BCRA, ascendió a 9.810 millones de dólares y fue visto como un acto de "independencia" frente a las condiciones impuestas por el organismo internacional.
El anuncio, efectuado el 15 de diciembre de 2005, generó una fuerte euforia en el ámbito kirchnerista y se inscribe en un contexto de superávit fiscal inicial. La operación formal se concretó en enero de 2006, pero su impacto político fue inmediato, permitiendo al gobierno implementar políticas de subsidios y expansión del gasto público sin la supervisión del FMI.
Además, se estima que esta decisión conllevó un ahorro de aproximadamente 842 millones de dólares en intereses futuros. A pesar de los beneficios, la relación entre Argentina y el FMI había sido tensa tras el default de 2001, y la cancelación de la deuda con el organismo se convirtió en un símbolo de soberanía económica para el kirchnerismo.